Opinión: Coronavirus, Zoom y el día después de la industria automotriz argentina
30/03/2020

Texto de Juan Cantarella, Gerente general de AFAC

En los tiempos que corren, la palabra Zoom automáticamente nos dispara la imagen de una de las aplicaciones más populares en épocas de cuarentena y aislamiento obligatorio, para poder comunicarnos grupalmente y trabajar de manera virtual. O no tan virtual en realidad.

Pero hasta hace pocos días, la palabra zoom nos generaba principalmente la idea de hacer foco desde diferentes distancias o ángulos para observar objetos o situaciones.

A veces las cosas desde lejos asustan, y desde cerca no parecen tan mal. Otras veces desde cerca asustan y desde lejos nos dábamos cuenta lo exagerados que éramos. Y otras veces directamente ya no sabemos desde dónde mirar.

La situación por la que atraviesa el mundo, la región, nuestro país, la industria y nuestro sector automotor, es de total incertidumbre. Miremos desde donde miremos.

A comienzos de 2020, nos encontrábamos con previsiones de producción de unas 350/360 mil unidades, lo cual implicaba una leve suba del 4/5% con respecto al 2019. Para el autopartismo la variable más relevante es la producción, ya que de ello derivará la demanda de piezas. Y en la última década, para la producción, lo más importante ha sido la evolución de las exportaciones, principalmente a Brasil. De hecho, el récord de producción de 2011 que nos permitió llegar casi a las 830 mil unidades producidas, fue gracias a la exportación y al mercado brasileño. En 2019 estuvimos nada más y nada menos que un 59,4% por debajo de aquella cifra.

Por eso las expectativas que teníamos a principios de marzo de cierta recuperación, dependían mayoritariamente de dos variables críticas: las capacidades competitivas de nuestro país (muy debilitadas estructuralmente) y a la mejora del mercado de nuestro principal destino y principal socio en el Mercosur.

Para el mercado de reposición, se esperaba también cierto repunte debido a la necesidad de mantenimiento y reparación de un parque circulante en ascenso. En diciembre de 2019, se estima que el parque vehicular era de 14,2 millones de unidades, lo que representa un 2% superior al año anterior.

Hasta había tiempo para participar de frecuentes análisis sobre el impacto global de las nuevas tecnologías, los sistemas de propulsión que se vienen, la necesidad de muchas terminales de asociarse debido a las millonarias inversiones en investigación, desarrollo e innovación, el impacto de la digitalización de las cadenas comerciales, entre otras cuestiones que, con el zoom actual, parecen hasta metafísicas.

Pero en un par de semanas todo cambió. El escenario esperado, con “gusto a poco” y más bien mediocre, se transformó en un escenario casi paradisíaco. Y de casi imposible ocurrencia.

En sólo una semana pasamos de no saber si se iba a poder producir por faltantes de insumos importados desde países afectados por la epidemia del Covid-19, a no saber cuándo las fábricas iban a poder abrir nuevamente sus puertas.

Y cuando sea posible volver a las plantas productivas, tampoco sabremos con qué dotación de personal contará el autopartismo, o sus clientes, o sus proveedores. O qué estará pasando en nuestros principales mercados de exportación.

Proyecciones preliminares para el mercado mundial de vehículos livianos, muestran una caída de 10 millones de unidades para 2020, un 11,2% con respecto al año anterior.

En momentos de emergencia y de fuerza mayor como el que estamos viviendo, resurge claramente la Pirámide de Maslow, en donde la intención de comprar un bien durable como un vehículo nuevo por parte de los consumidores, pasa a estar en un segundo o tercer plano de prioridades.

Si, en cambio, será necesario seguir proveyendo repuestos para mantener en funcionamiento el parque vehicular. De hecho, aún en esta situación de aislamiento obligatorio, hay una firme demanda de piezas para camiones, buses, ambulancias, patrulleros; con lo cual en algún momento es esperable que se habilite, al menos en forma temporaria, que los depósitos puedan abrir para poder proveer esas autopartes. También hay una demanda en firme para piezas de tractores y cosechadoras en plena época de cosecha, la cual no puede esperar.

En síntesis, enfrentamos una gran incertidumbre sobre la oferta (capacidad productiva) y sobre el comportamiento de la demanda post emergencia sanitaria.

Esta situación provoca en el corto plazo una fuerte restricción de fondos líquidos, debido a que no se puede producir, vender y por ende cobrar. Mientras, muchas erogaciones deben ser afrontadas, sobre todo lo vinculado a los salarios y proveedores. Será fundamental también el set de instrumentos fiscales y financieros que se generen desde el Poder Ejecutivo Nacional, y desde las provincias.

Para el autopartismo la participación de la mano de obra en el proceso productivo es de entre 6 y 8 veces lo que representa para una terminal, con lo cual será imprescindible poder acordar esquemas acordes a la emergencia que estamos atravesando. Los equipos de colaboradores son, y serán, el principal factor para la recuperación.

Sin dudas la prioridad es la salud de la población, en el sentido más amplio. Por ello se debe constituir un esquema financiero, tributario y laboral que hagan posible mantener las capacidades productivas y empresarias en las mejores condiciones posibles para enfrentar, apenas llegue, “el día después”.

J.C.
@AfacAutopartes / @JCanta1

Nota publicada en Autoblog el 30/03/2020
https://autoblog.com.ar/2020/03/30/opinion-coronavirus-zoom-y-el-dia-despues-de-la-industria-automotriz-argentina/

 

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